miércoles, 4 de noviembre de 2009

Digamos, miedos...

¿Alguna vez te preguntaste por qué te elegí a ti?

Vamos a hablar de, digamos miedos.

Todo el mundo tiene algún miedo alguna vez, ¿no?

Hay gente que tiene miedo a la oscuridad de pequeño, otros que tienen miedo a morirse de viejo, y hay otros que tienen miedo a fracasar.

Fracasar es algo que nadie quiere, te persigue, te tortura hasta llevarte a la locura.

¿Por qué digo esto? Fácil, voy a contar una historia que quizás os guste, donde explico la historia de un amigo cercano, que le ha pasado algo parecido, ¿OK? Espero que os guste:

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Mi vida empezaría un mes de otoño, en mi mesa de ordenador. Yo era por aquel entonces un chico normal, hasta que un día, apareció ante mis ojos en forma de Internet. Nunca pensé que tendría esa sensación, empiezas a conocerlo, te gusta y acabas enamorándote, hasta que un día lo ves y piensas si puede ser para toda la vida. Después de tanto esfuerzo lo consigues, hasta que un día a tu pesar, se rompe en mil pedazos…tus ojos lloran y tu vida ha acabado, o eso piensas en ese momento.

A partir de hay, cambias tu vida radicalmente, haces lo nunca hecho y todo en contra de tu voluntad, a pesar de seguir recordándolo, pero te da igual porque piensas que ya habrá otro igual…

Ha pasado tanto tiempo, tantos meses, días, horas, minutos…que de repente un día al levantarte de la cama ves el calendario y piensas, ¿ya vale de hacer el idiota no?

Pero el destino es muy justo y te hace encontrarte de nuevo con lo que tanto querías y de repente ves como que todo ese dolor ha desaparecido, sin embargo hay algo que no ha desaparecido, un miedo…miedo a fracasar, miedo a que tu vida se vuelva a romper en millones de trocitos y volver a la vida perdida que tenías antes, sin embargo, parece que un rayo de luz ilumina esos trozos rotos con falsas esperanzas de juntarse y formar uno de nuevo y ese miedo te recorre toda la cabeza, te estremece, te tortura, no se separa de ti…

¿Qué se puede hacer frente a la impotencia? ¿O quizás frente a estar entre la espada y la pared? Una parte de tu corazón te exige que lo unifiques, otro que lo dejes estar, ya que miles puede transformarse en millones de trozos.

Lucha interna, frente a una fuerte impotencia…aquí ya no valen las lágrimas, no valen las ayudas… ¡ahora te toca elegir por ti mismo!

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1 comentario:

  1. Muy buena entrada, si señor =)
    Felicidades por un texto tan bueno =)

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